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Blog de Patxi

Vivir cansado.

Vivir cansado.
He leido esta crónica de Roberto Palomar y me ha parecido muy interesante y a la vez consolador el saber que esta sensación es compartida por los atletas y triatletas de largas distáncias.
Es un consuelo leer todas las semanas el blog vecino "El último gran combate", de Chema Martínez y mi colega Andrés Armero, y comprobar de su puño y letra que el gran Chema también está cansado. Dicen los deportistas de élite que se vive como se entrena. Y eso es también aplicable a los deportistas aficionados. Si yo entreno cansado, la deducción es lógica: vivo cansado. La gente se cree que es una respuesta recurrente. "¿Cómo lo llevas?" "Cansado". "¿Qué tal los entrenamientos?" "Cansados". "¿Cómo estás?" "Cansado". No es un tópico al uso. Es la pura realidad. Si le pasa a Chema Martínez, ¿cómo no me va a pasar a mí?.

Me lo habían advertido. "Llegará un momento en el que sólo estarás cansado. Pero tienes que seguir. Forma parte del proceso". Y en ésas estamos. Llevo toda la semana entrenando "cansado" pero algo hace que al día siguiente uno vuelva fiel a la cita con el crono, las zapatillas, la bici y el bañador. Estoy convencido de que es algo químico, algo fisiológico que me tiene enganchado. Las endorfinas o algo así. Necesito entrenar igual que comer o dormir.

Esta semana, pese al cansancio, he conseguido encajar todos los entrenamientos del plan menos la famosa tercera sesión de natación, que es lo primero que se cae en cuanto se desmoronan las previsiones por culpa de los imponderables. Cuando acababa una sesión de entrenamiento -cansado, naturalmente- me preguntaba si sería capaz de volver al día siguiente y completar lo que me tocaba. Y siempre volvía y lo completaba.

Incluso, al final de la semana me he llevado una sorpresita que me ha llenado de moral. Este domingo se celebraba una media maratón a sólo tres kilómetros de la puerta de mi casa. Justo me tocaba un rodaje de dos horas. Así que me saqué el dorsal y me fui corriendo a la salida. Sería mi entrenamiento. Recuerdo que, no hace mucho, una media maratón era casi el objetivo de una temporada. Había que hacer vida monacal el sábado y, el lunes, ni moverse. Hoy es una sesión más en mi rutina.

No me apetecía nada correr pero tenía que hacerlo. Me he puesto el último en la salida. Iba helado, con una camiseta fina para el frío que hacía esta mañana, en un recorrido con muchas zonas de sombra. Me he metido debajo de mi visera y he ido racaneando, dejando que pasara el tiempo, hablando con los de atrás, a 5’30" el kilómetro... Seguramente ellos habrían descansado el sábado y también lo harán el lunes. Yo no. Mi "religión" no me lo permite.

En el kilómetro 10, la gente ya no hablaba y yo me había templado. Como tenía intención de volver a casa corriendo, me he metido un gel y he empezado a acelerar casi sin pretenderlo, de forma natural. Enseguida me he puesto en ritmos de 5’10", 4’55"... Hasta que me he estabilizado en 4’45" y he terminado a 4’37". Para mí, la velocidad de la luz. ¿Qué fue del cansancio y del racaneo? No lo sé. Sólo sé que me resultaba muy curioso y gratificante ver cómo la gente iba a menos mientras yo iba a más. Hasta me ha dado pena que se terminara la carrera. Casi me arrepiento de haber tirado la primera parte a la basura porque acabé en 1h.48’ pudiendo haber rebajado bastante. Apenas me detuve en la meta y seguí corriendo hacia casa ya, por fin, "cansado".

 

Reto Ironman Lanzarote 2012 Por Roberto Palomar. Diario MARCA.

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