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Blog de Patxi

Triatlón de Banyoles, distancia B.

Triatlón de Banyoles, distancia B.

El despertador sonó a las 06:00 de la mañana, pero yo ya estaba despierto 20 minutos antes ¿será porque mi mente ya esta acostumbrada al estrés pos competición? En todo caso no paraba de darle vueltas a la cabeza del duro día que tenia por delante.

El trayecto en coche hasta Banyoles fue tranquilo. El sol amanecía por mi espalda y el consuelo de saber que al menos no iba a llover me hizo disfrutar del viaje.

Una vez en Banyoles empieza la rutina de siempre; entrar en boxers ¿llevo las gafas de natación, los gorros, el neopreno? A ver… ¿los geles y la bici están a punto?, por ahora todo bien ¿el chip y el dorsal? Ok!!

Toca relajarse, aun queda una hora, voy a saludar a mis compañeros Tony, Xavi y a los del Triatló Blanes y así nos quitamos los nervios. Avisan mientras tanto por megáfono que el agua esta a menos de 14 grados y que el uso del neopreno es obligatorio, además, según la normativa la distancia se tiene que reducir de 2200 metros a 1500 metros.

La salida esta a unos 400 metros de la zona de boxers. Me dirijo solo caminando y observando el escenario del primer segmento de la triatlón, la natación. La verdad es que el agua no parece fría pero, también me sorprende no ver triatletas calentando dentro del lago, en todo caso procuro no pensar mucho e intento recordar el circuito en bici.

Llego a la zona de salida y observo como los acompañantes bromean con sus amigos, novios y familiares, todos ellos triatletas, del estado gélido del agua.

¡¡Joder!! No será para tanto pienso mientras me siento en la orilla con intención de meter los pies y dejarme caer para entrar en contacto corporalmente con el agua y… ¡¡¡no puede ser!!!, esto va a ser como nadar en un vaso gigantesco de granizado de limón. Nos vamos a morir. Miro a ambos lados buscando a alguien que me explique como se puede nadar así, pero lo único que veo son caras seria ¿de concentración o de miedo a una posible hipotermia?

Queda un minuto, la gente aplaude y ¡¡¡¡PIIIIIIIII!!!!

Nos tiramos al agua y no recuerdo nada más hasta la tercera brazada donde mi sistema respiratorio se acordó de que tenía que respirar por culpa de la impresión del agua helada.

Golpes, choques y más golpes con el resto de participantes. Parecemos Ñus cruzando un río lleno de cocodrilos, vamos… lo normal.

Intento centrarme en la técnica de nado, “plim plam respiro”, “plim plam respiro” parece que mi cuerpo vuelve a entrar en “calor” y sigo “plim plam respiro”, “plim plam respiro”,

Llegamos a la boya amarilla que nos indica que hemos de girar y dirigirnos a la zona de transición. Observo la rampa de salida del lago y salgo pasando por la moqueta granate dirección a la bici.

Empieza el segundo segmento. Dos vuelta de 40 kilómetros. Salimos un pequeño grupo de triatletas de boxers y me calzo encima de la bici la primera zapatilla, pero tengo problemas con el otro pie. Casi parado consigo calzarme y empiezo el pedaleo suave para ir cogiendo ritmo. La carrera es muy larga, hay que dosificar esfuerzo sino luego se pagará caro.

Empiezan las subidas a Crespià y Esponellà. Par un triatleta rodador como yo, las subidas se nos entragantan bastante. Solo queda apretar los dientes y recuperar en los llanos arriesgando, también, en las bajadas.

Segunda vuelta, tres cuartos de lo mismo, pero más cansado.

Me dirijo a la zona de boxers para empezar el tercer segmento, tres vueltas al lago de siete kilómetros cada una. Como la mitad de una barrita energética, me calzo los calcetines, las bambas, me pongo mi Buff en la cabeza y salgo de boxers a un ritmo alegre pero inteligente ya que lo que queda aun son 20 kilómetros de castigo para las piernas. Además, noto como el músculo Vasto interno (encima de la rodilla) de la pierna izquierda me hace amagos de calambres.

Las dos primeras vueltas a un ritmo nada forzado pero que me permite adelantar a triatletas sin ningún problema. Posiblemente buenos ciclistas y no tan buenos corredores o que lo que hayan dado todo encima de la bici y ya no tengan fuerzas para mantener un ritmo vivo de competición.

Queda una última vuela de siete kilómetros al lago, decido mantener el ritmo de un corredor del Club Triatló Mataró que me lleva hasta la línea de meta con un tiempo de 3 horas 58 minutos.

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