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Blog de Patxi

Mi primer accidente fuerte.

Mi primer accidente fuerte.

Te levantas y te dejas llevar por el ambiente de las carreras; las conversaciones, el ruido del megáfono de fondo y cuando te quieres dar cuenta, ya estas en la línea de salida esperando el bocinazo.

El día, como el año pasado, pasado por agua. Las nubes amenazadoras por la zona de Llagostera me hacen sospechar que la carrera será muy peligrosa ya que la mezcla entre bajadas rápidas y suelo mojado suelen tener mal resultado.

Ya, en la carrera, mientras damos las primeras brazadas, me encuentro con ganas de darlo todo delante de mi gente y sin darme cuenta me veo dando la segunda vuelta de 750 metros para acabar haciendo los 1500 y dirigirme a los boxers.

Subido a la bici salimos cinco triatletas y yo dando caña y comenzando la primera de las subidas fuertes “Terra negra”.

Me encuentro tan fuerte que incluso me permito el detalle de marcar el ritmo y comentar al resto del pelotón cada curva, repecho y bajada para coger confianza y conseguir ir aun más rápidos.

Pasamos Llagostera y empieza a llover… malo. Muy malo.

Pasamos sin darnos cuenta por el puente de la nacional e informo a los corredores que me acompañan que comienza la subida fuerte de Sant Grau de 10 kilómetros. Nos animamos y hacemos relevos. En ese momento nadie habla, solo se escucha el ruido al unísono de nuestras respiraciones y el cambiar de las marchas. Una furgoneta blasca y un chico con barba y un bocadillo gritando a nuestro paso ¡¡¡25, 26 27, 28, 29 y 30!!!

Vamos entre los 30 primeros, ¡Genial!

Llegamos al avituallamiento de Sant Grau, lo peor ya a pasado… menos para mí.

Empiezo a beber del bidón y me quedo rezagado unos 20 metros, con la confianza de que al ser el único que me conozco la bajada, les daré caza y acelero el ritmo alcanzando los 52 kilómetros por hora, me acerco, me acerco… voy muy rápido y en la segunda curva de derechas la bici no frena, me sigo acercando a la curva y freno fuerte para que las pastillas del freno sequen mi llanta empapada hasta clavar la rueda pero la bici sigue a la misma velocidad y ya estoy metido en el giro, demasiado tarde para hacer nada. Vuelvo a frenar con la esperanza de salvar la situación y la rueda no obedece. El impacto es irremediable, no se puede hacer nada y cierro los ojos.

Se acabó la carrera.

Abro los ojos y me encuentro sentado en mitad de la carretera mojada. Empieza a dolerme los gemelos agarrotados que con los golpes los tenia subidos. Intento amarrármelos con las manos para así soportar mejor el dolor pero no consigo abrir los dedos de las manos. En pocos segundos intento quitarme de en medio de la carretera para evitar ser atropellado por el resto de triatletas y al coger la bici “con los puños” empiezo a sangrar por los codos y antebrazos. Me cuesta mucho respirar e intento relajarme.

Observo el paso de varios corredores que me miran como si vieran un extraterrestre ¿tan mal estoy? Se para un Mosso d’escuadra y me pregunta que tal estoy, respondo que bien ¿diplomácia?

Intento seguir y miro el estado de la bici: manillar torcido… pero se puede seguir. Acople doblado… pero se puede seguir. Palanca de marchas roto y cadena suelta… NO hay nada que hacer. Abandono.

Si hay algo positivo en todo esto es que no he cogido miedo a la bici, pero si mucha experiencia.

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