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Blog de Patxi

Por la mañana, nada más buscar la marca (flecha) dorada que señaliza el camino, empecé a subir hasta Cruz de Ferro, a 1220m de altitud. El paisaje completamente verde. Atrás quedó los escenarios áridos de montañas, trigo y girasoles.

En plena ascensión, un soplo de viento con olor a pino, me recordó de donde vengo. Era un viento fresco, de montaña y tenía que ir abrigado para no pasar frio.

Subidas y subidas, poco a poco pero sin parar hasta el puerto de montaña donde desde a lo lejos se podía ver un palo timo mástil con una pequeña cruz metálica. Dabajo, un gran montículo de piedras donde los peregrinos depositaban las traidas desde sus puntos de partida simbolizando que dejaban allí lo negativo y comenzaban una nueva etapa. Otros, como yo, teníamos que dejar algún objeto, también traido desde el punto de partida. Yo, por ejemplo, arranqué mi bandera de mi mochila, escribí los nombres de mis seres queridos y lo colgué en lo más alto que pude del mástil, asegurando su permanencia con una brida.

La bajada suave, tranquila y segura. Evitando cualquier accidente. Solo faltaría llegar hasta donde he llegado y tener que abandonar por darme una leche y hacer daño a algún peregrino.

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